Aunque a muchos nos cueste creer que una madre sea capaz de asesinar a su
propia hija, las hay que lo hacen y encima por
un motivo tan estúpido como creerla poseída.
La historia de Rosa Gonzálvez deja de piedra
y pone los pelos de punta pues era una respetada
sanadora que tenía fama de curar la enfermedad
del cáncer y otros dolores en una tierra
donde es fácil encontrar otros curanderos.
Rosa debió creerse que era la mejor y que
podía hacer más, por ello un día
decidió convertirse en exorcista y empezó
la tragedia.
Corría el año 1990 y Rosa le dijo
a su vecina que podía sacarle el demonio
que llevaba dentro. La vecina, Mª Angeles
Rodríguez, quedó muy satisfecha
con el resultado, y no puso objeciones cuando
Rosa le dijo que ahora tenía que hacer
lo mismo con sus dos hijos, todavía pequeños.
Durante el rito les metía los dedos en
la boca para que vomitaran creyendo que si lo
conseguía les estaba salvando del demonio
que había pasado del cuerpo de Mª
Angeles a sus pequeños de cinco y seis
años.
Era el día 16 de septiembre de 1990.
El padre de los niños llegó por
sorpresa y les pilló in fraganti. Trató
de llevarse a los niños y no lo consiguió,
tal era el histerismo y la fuerza que ahora poseían
seguramente por su propia locura Rosa y su -ahora-
secuaz Mª Angeles.
Rosa continuó su trabajo al día
siguiente y esta vez estaba más acompañada:
además de Mª Angeles, la hermana,
el marido y su cuñada se había integrado
otra vecina, Mercedes.
Contagiándoles su propia esquizofrenia
les hizo rezar y gritar y simular un exorcismo
con invocaciones espirituales que, según
ella, servían para que los malos espíritus
se marchasen.
A media tarde lo dejaron para descansar, pero
por la noche reanudaron la sesión; esta
vez acompañaban a Rosa sus vecinas Mª
Angeles y Mercedes.
La sorpresa se la llevó esta vez el propio
marido de Rosa que las descubrió encerradas
de una habitación danzando desnudas y recubiertas
de excrementos. Para mayor sorpresa todas se abalanzaron
contra él y le ordenaron -como si tuvieran
el poder para ello- que limpiara la habitación.
Rosa tenía una hija de 11 años a
la que llamaban Rosi, y aquel 18 de septiembre
de 1990 la despertaron por mandato de ella cuando
la chiquilla dormía profundamente. Tras
desnudarla la dejaron en el suelo para, según
ella, hacerle un bien, pues aseguraba que la pequeña
estaba embarazada del diablo!.
La pequeña comenzó a tiritar y a
Mercedes no le pasó desapercibido, de modo
que, en momento de confianza, le dijo a Rosa que
se diera prisa con el exorcismo porque la niña
parecía enferma.
Rosa la miró y "dedujo" que Mercedes
también estaba poseída y con ayuda
de Mª Angeles le dieron una paliza que le
hizo sangrar por la boca y se relajaron ante tal
visión pensando que el exorcismo, nuevamente,
había dado resultado.
Rosa se encarnizó esta vez con su propia
chiquilla golpeándola y chillándole
que el diablo que poseía antes a Mercedes
estaba ahora en su cuerpo, y con estos gritos
el padre se dio por enterado y acudió a
la habitación para sacar a su niña.
De nuevo la histeria de Rosa y Mª Angeles
consiguió que sacaran fuerzas brutales
y consiguieron echar de nuevo a un apaleado marido
que salió corriendo a la calle en busca
de más ayuda.
Durante el exorcismo, colocaron a la niña
en una cama y se dedicaron a destrozar el mobiliario
de la habitación, cagaron, mearon y rompieron
cristales, y ambas se revolcaron en aquel suelo
peligroso y sucio. Los gritos asustaban a la niña
pues le decían que estaba "embarazada
del Diablo".
La niña sufrió lo conocido y por
conocer. Rosa la desvirgó brutalmente con
sus manos y no contenta con ella metió
hasta donde pudo y comenzó a extraer cuanto
órgano se encontraba. Le sacó de
un tirón los ovarios y hasta los intestinos.
La chiquilla falleció con la primera mutilación
por la pérdida de sangre, pero después
de muerta su madre, que la había parido,
le sacó los intestinos por la vagina.
Para Rosa, los órganos eran demonios, y
su esquizofrenia, un don de Dios que ayudaba a
salvar vidas de los malos espíritus.
Tampoco consiguió el marido mucho más
que atraer -sin querer- a una nueva víctima
de Rosa. Llegó acompañado de su
cuñada pensando que ésta podría
ayudarle y al llegar allí y ver el percal
se largó en busca de la policía
y dejó sola a la mujer.
No hubo peor idea. Las exorcistas histéricas
vieron en la visitante sólamente unos ojos
que podían extraer para ponérselos
a la pequeña Rosi y así devolverle
la vida.
Por supuesto le dieron una increíble paliza
que perjudicó sobre todo los ojos de la
víctima.
Como si se despertaran de pronto, se percataron
de los crímenes que habían cometido
y trataron de huir, pero gracias a Dios la Guardia
Civil las detuvo.
Aun así Rosa aseguró que volvería
a hacer aquello por su hija, pues en su locura
creía que lo hacía para bien
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